jueves, 15 de junio de 2017

Centenario del Tránsito de la Venerable Madre Serafina Farolfi 18 junio 1917-2017

En ocasión de la Clausura del XVI
Capítulo General de las
Clarisas Franciscanas Misioneras del Santísimo Sacramento, os dejamos una canción dedicada a nuestra fundadora, para que através de ella podamos difundir en el mundo la gran riqueza de nuestro carisma Eucarístico - Misionero.

"Nada es pequeño a los ojos de Dios, las cosas más pequeñas hechas por su amos, se revisten de la misma nobleza de Dios". 
(Madre Serafina Farolfi, Venerable)

lunes, 15 de mayo de 2017

XVI Capitulo General de las Clarisas Franciscanas Misioneras del Santisímo Sacramento

ORACIÓN PARA LA ABERTURA OFICIAL DEL DECIMO SEXTO CAPÍTULO GENERAL

DE LAS CLARISAS FRANCISCANAS MISIONERAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO


Al comenzar este XVI Capítulo General , Señor,
nuestros corazones se levantan hacia Ti
en busca de tu mirada.
Escúchanos, Señor.

Da respuesta a nuestras preguntas,
y ayúdanos en nuestras inquietudes,
Tú que eres nuestro Dios
en quien nosotros confiamos.

En este Capítulo, ponemos en tus manos
nuestros miedos e ilusiones.

En tus ojos, ponemos la pureza y sinceridad
de nuestra búsqueda.

Guíanos, Señor, Tú que eres bueno
 y que tu Espíritu Santo
 nos ayude en cada paso.

Que nuestra boca sea hoy
la expresión de nuestro interior;
que nuestras palabras
arranquen de lo profundo,
y sean verdaderas.

 Señor, danos un corazón limpio
 para que podamos ver.

 A Ti abrimos los proyectos y planes
de este Capítulo General: Acompáñanos.

A Ti ofrecemos lo que somos
y lo que tenemos: Acógelo.

A Ti, que eres Dios de la Vida,
te pedimos fuerza: Anímanos.

Que nuestros corazones
se alegren y regocijen hoy
porque todo lo esperamos de Ti.
Bendice, Señor, este Capítulo General
y guíalo
por el justo camino. Amén.






sábado, 13 de mayo de 2017

"Yo soy el camino y la verdad y la vida"

Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-12


La afirmación rotunda de Jesucristo es excluyente: “Yo soy… y nadie más”. 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

sábado, 6 de mayo de 2017

Empujados por el Espíritu para la Misión

Jesús es ungido por el Espíritu y enviado. Ser discípulo misionero significa participar activamente en la misión de Cristo, que Jesús mismo ha descrito en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18). Esta es también nuestra misión: ser ungidos por el Espíritu e ir hacia los hermanos para anunciar la Palabra, siendo para ellos un instrumento de salvación.


Jesús camina con nosotros. Ante los interrogantes que brotan del corazón del hombre y ante los retos que plantea la realidad, podemos sentir una sensación de extravío y percibir que nos faltan energías y esperanza. Existe el peligro de que veamos la misión cristiana como una mera utopía irrealizable o, en cualquier caso, como una realidad que supera nuestras fuerzas. Pero si contemplamos a Jesús Resucitado, que camina junto a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-15), nuestra confianza puede reavivarse; en esta escena evangélica tenemos una auténtica y propia «liturgia del camino», que precede a la de la Palabra y a la del Pan partido y nos comunica que, en cada uno de nuestros pasos, Jesús está a nuestro lado. Los dos discípulos, golpeados por el escándalo de la Cruz, están volviendo a su casa recorriendo la vía de la derrota: llevan en el corazón una esperanza rota y un sueño que no se ha realizado. En ellos la alegría del Evangelio ha dejado espacio a la tristeza. ¿Qué hace Jesús? No los juzga, camina con ellos y, en vez de levantar un muro, abre una nueva brecha. Lentamente comienza a trasformar su desánimo, hace que arda su corazón y les abre sus ojos, anunciándoles la Palabra y partiendo el Pan. Del mismo modo, el cristiano no lleva adelante él solo la tarea de la misión, sino que experimenta, también en las fatigas y en las incomprensiones, «que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).